Piensa en una “gauchinha” nacida prácticamente dentro de un taller…
Piensa en una joven sabiendo qué quiere profesionalmente, estudiando y buscando su espacio…
Piensa en una mujercita segura de todo su conocimiento y capacidad, siendo desafiada diariamente y teniendo que probar que su lugar en el mundo es exactamente dentro de un taller y con las manos en la masa… o mejor, ¡en la grasa!
Piensa en una mujer que ya no precisa explicar quién es o probarle nada más a nadie. Estamos hablando de Debora Vivian – y sí, Vivian es el apellido de la familia, no es su nombre compuesto.
Nacida en 1990, en la ciudad de Progresso, interior de Lajeado, en Rio Grande do Sul, de familia humilde, con padres que trabajaban en el campo y también en el área de reparación de vehículos, Debora ya nació con combustible en las venas y un motor en el corazón.
El mismo año de su nacimiento, sus padres se mudaron a Porto Alegre, en busca de mejores oportunidades, calidad de vida y tratamiento de salud para su hermana Diany, cinco años mayor.
Fue entonces cuando decidieron montar un negocio y abrieron el taller, empezando como tantos otros que conocemos: en el garaje de su propia casa, de esos que tienen piso de tierra. Este fue el ambiente donde Debora pasó los primeros cuatro años de su infancia, de 1990 a 1994, año en el que se mudaron a un nuevo lugar donde se establecieron y permanecen hasta hoy.
Pero volvamos a hablar de Debora… cuando llegó al fin de su enseñanza media, momento de dudas y decisiones para tantos adolescentes, ella ya sabía lo que quería: realizó una carrera de mecánica y uno de electrónica y supo con certeza que era en el taller en donde quería estar. Comenzó a ayudar a cuidar la empresa de la familia, cuando comenzó a percibir cuán complicado era ser mujer en este sector. “A pesar de que todos sabían que era la hija del dueño y de la dueña, no hablaban conmigo, nunca trataban nada conmigo, solamente querían hablar con los mecánicos y únicamente a través de mi conocimiento y capacitación fui consiguiendo demostrar que era capaz, incluso aprendiendo a lidiar con otros mecánicos que no admitían recibir orientaciones u órdenes de una mujercita de 17 años”, cuenta Debora.
Con 20 años, entró en la facultad de Ingeniería Mecánica, en la cual también sintió mucha dificultad de aceptación por parte de los compañeros e incluso de los profesores, todos hombres. Ella era la única mujer en el aula, uno de los motivos que terminó llevándola a cambiar de carrera (¡y de facultad!). Comenzó a cursar Ingeniería de Producción, se graduó, buscando aprovechar al máximo, ya que pasó a tener también mucho conocimiento de gestión de personas y de liderazgo. En paralelo a los estudios, incluso desde antes de entrar en la facultad, ella seguía haciendo cursos en el área de reparación acompañando a su hermano mayor, Adilson, que también trabaja en el taller de los padres.
¡No es fuerza, es maña!
Con esta definición fue que el Sr. Aldo incentivó desde siempre a Debora diciéndole que ella era tan capaz de trabajar como mecánica dentro del taller de la familia como el hermano.
El hermano también fue una gran inspiración para Debora, siempre con mucha paciencia para explicarle y compartir su conocimiento con ella.
“Convertirme en mecánica siempre ha sido algo muy natural para mí y mis padres siempre me han dado libertad de elegir mi camino. Muchas veces fui invisible para los clientes dentro del taller, para otros mecánicos que no me escuchaban, no creían en mí, pero con el tiempo comencé a ser respetada, conquistando mi espacio, con mis conocimientos, con mi esfuerzo y hoy ya tengo clientes que llegan al taller y piden hablar conmigo. Estoy orgullosa de eso”, dice Debora. (¡Y con toda razón debe enorgullecerse!).
“Actualmente no veo como algo fuera de lo común que haya mujeres dentro del taller. Está mi hermana que se ocupa de la parte financiera, está mi madre que todavía trabaja aquí conmigo, con menos horas, pero ensuciándose las manos, cambiamos el aceite, hacemos mantenimiento al sistema de frenos… El prejuicio vino más de los clientes, quienes muchas veces no creyeron en mi diagnóstico y pidieron hablar con mi padre y mi hermano, quienes dieron la misma información, generando más credibilidad. Mi madurez y conocimientos me han aportado más confianza, convicción y seguridad a la hora de emitir un presupuesto y darles un diagnóstico a los clientes.”, explica Debora.
“Tengo también mucho que agradecerle a Eva y al Grupo Gaúchas Car que nos unieron a las chicas y nos dan fuerza, nos escuchan y nos ayudan, porque muchas veces creemos que los problemas solamente están sucediendo con nosotras, pero con el grupo, percibimos que son problemas diarios, como en cualquier empresa”, explica. “¡Solas vamos más rápido, pero juntas llegamos más lejos!”
¡Aquí, en casa de herrero, cuchillo de hierro!
¡No podemos hablar de la carrera de Debora sin hablar también de toda la fuerza, determinación, compromiso y ganas de aprender de su madre, Doña Lourdes, ¡hoy de 61 años y mecánica activa en el taller! ¡Esta mujer es un orgullo!
Debido al problema de salud de su marido, que lo mantuvo alejado del taller por más de un año, a mediados de los años 2000 y con tres hijos que cuidar y criar, doña Lourdes no tuvo miedo de nada, reunió todos los conocimientos de los cursos y conferencias que ya había realizado con su marido, su coraje, determinación y pasó al frente del taller, dirigiendo el negocio y asegurando ingresos para mantener la empresa y la familia.
Hoy, Mecânica Vivian tiene más de 30 años de tradición y permanece en la misma dirección desde 1994: “Estoy muy orgullosa de poder continuar el legado de mis padres, junto con mis hermanos, ofreciendo servicios de calidad, transparencia y, principalmente, brindándole seguridad a los clientes al conducir sus vehículos”, concluye Debora.
Con cada nueva historia que vamos conociendo de estas mujeres maravillosas, tenemos más certeza de que el mundo de la reparación es mucho más grande de lo que pensamos. Es mucho más diverso, (pero todavía no siempre es tan acogedor), de lo que imaginamos. Por caminos que no siempre son tan bonitos, a veces tortuosos, pero las historias de superación, de autoconocimiento y de éxito se multiplican. ¡Orgullo del proceso de desarrollo y crecimiento de cada una! ¡Que Mecânica Vivian continúe yendo por el camino del éxito, de la unión y de la familia, la base de todo, por muchos y muchos años!
Mecânica Vivian
R. Silvado, 154 – Cel. Aparício Borges
Porto Alegre – RS – 91510-100
(55 51) 3352-2769/99840-4030
Texto: Paula Skoretzky / PSC Comunicación – Asesoría de Prensa SABÓ
Foto: Divulgación


