Una mancha debajo del vehículo, un charco de líquido o una pieza con marcas de algún fluido derramado. Estos son los tres indicativos más comunes de que existe una fuga en el motor, cambio, manguera u otro punto del auto. Lee esta nota y conoce cuáles son los puntos más comunes de fugas atendidos en las empresas de reparación.

Una fuga de combustible, lubricante u otro fluido es un problema que muchos conductores han enfrentado y prácticamente todos los profesionales de la reparación automotriz han atendido en sus talleres.
Aunque no sea una situación frecuente y solamente suceda por una falla en algún componente o daños en ítems de sellado o conducción de los fluidos, esta situación, en general, es fácil de ser resuelta, pero no por ello debe despreciarse o posponerse.
La falta o demora en la corrección del problema puede inmovilizar al vehículo y dejar al propietario a pie, causar serios perjuicios, inclusive la pérdida total del motor, además de poner en riesgo la seguridad del vehículo y de sus ocupantes, dependiendo del lugar de la fuga.
Mantener los ojos bien atentos y el olfato agudizado es de gran valía para identificar eventuales fugas. Una mancha en el suelo en el lugar donde el auto estaba estacionado y el olor característico de cada producto pueden indicar el tipo de fluido que se está filtrando y facilitar el proceso de diagnóstico y corrección.
Según profesionales de la reparación, la grasa, el líquido refrigerante, aceite lubricante y el combustible, en ese orden, son los fluidos más frecuentemente identificados bajo el vehículo o impregnado en las piezas del vehículo con fuga. Cada uno de los productos tiene una apariencia, coloración y olor característico y, difícilmente, serán confundidos entre sí, lo que facilita el diagnóstico.
Además de las características del producto, otro aliado en la identificación de fugas es el comportamiento del vehículo. Si hay aumento en el consumo del combustible, si el vehículo calienta por demás, si los frenos o dirección están más duros de lo normal, también son indicativos de que existe algún problema de fuga.

Grasa: esta es la fuga más común. Como es un tipo de lubricante utilizado en diversos componentes de la suspensión, dirección, cambio, motor y otros puntos del vehículo, la pérdida de la grasa en sus puntos de lubricación es una ocurrencia frecuente. En general, esta situación ocurre en función de daños a las campanas (foto), sellados o desgaste entre las partes móviles de la pieza, causando la salida de la grasa. Este problema puede afectar rodamientos de rueda, componentes de la suspensión, especialmente pivotes y brazos articulados, retenes y cambio.
Es importante observar que existen diferentes tipos de grasas y, al sustituir el componente dañado, prestar atención a las especificaciones sobre el tipo, la cantidad y la forma de aplicación de la grasa recomendada.

Líquido refrigerante: el agua bajo el vehículo muchas veces está relacionada a los sistemas de aire acondicionado, que gotean abundantemente y con frecuencia. Si el agua está caliente o tiene un olor y coloración diferente no es el aire acondicionado. Las posibles causas son:
Junta del cabezal dañada – el líquido refrigerante puede mezclarse y modificar la viscosidad del aceite lubricante, aumentando la fricción entre los componentes del motor.
En general, la junta del cabezal se encuentra dañada por haber tenido un sobrecalentamiento anterior, pudiendo causar una fuga de agua en el motor (foto), provocando también pérdida de aceite.
Mangueras con grietas y con burbujas – las mangueras pueden resecarse, aumentando el riesgo de grietas.
Abrazaderas sueltas o dañadas – observa si hay espacio entre la manguera y el punto de conexión con el motor, radiador o reservorio de líquido refrigerante. Si existiera, volver a apretar o reemplazar la abrazadera debería resolver el problema.
Problemas en la serpentina – algunos vehículos en el mercado poseen serpentina de aire caliente localizada en el interior del automóvil. Cuando están dañadas, pueden provocar, en algunos modelos, fugas de agua hacia el interior del auto.
Tapas del reservorio o del radiador – a pesar de ser fabricadas con plástico resistente y contar con sellado de gomas, las tapas pueden presentar fugas de agua. La mayoría de las veces, basta con enroscarlas correctamente. En algunos casos es necesario sustituir la pieza dañada.
Radiador perforado – actualmente esta es una situación muy rara en los vehículos, sin embargo, puede suceder y existen algunas causas para esto, como usar agua del grifo en el sistema de enfriamiento durante mucho tiempo, lo que puede causar la corrosión del radiador.

Aceite lubricante: puede ser causado por problemas en los sellados del motor (juntas del cabezal y cárter o retenes (foto) y sellos del motor son los ítems más frecuentes en las sustituciones en talleres), sistema de dirección hidráulica, caja de marchas averiada, filtro de aceite mal enroscado y goma de sellado de la tapa de aceite reseca.
El color del producto puede ayudar a identificar el origen de la fuga. El aceite del motor varía entre el color marrón y negro; el de transmisión es amarillo y viscoso.

Combustible: este tipo de fuga es muy grave y puede causar accidentes, ya que este líquido es inflamable. Si entra en contacto con partes calientes del motor o una chispa, puede causar un incendio. Los puntos de fuga de combustible más comunes son:
Filtro de combustible (foto) mal instalado o defectuoso – es importante respetar el plazo de cambio de esta pieza, que generalmente está informado en el manual del vehículo, y observar los procedimientos de sustitución.
La calidad del combustible utilizado también influye en la durabilidad y conservación de la pieza.
Mangueras – pueden estar dañadas o resecas.
Picos inyectores – cuando están dañados o mal instalados, pueden presentar fugas.
Este problema es fácil de identificar por el olor del combustible y la presencia de líquidos bajo el vehículo, además, claro, del consumo que tiende a aumentar.


